martes, 23 de noviembre de 2010

Nuestro dolor, nuestra alegría - por Sergio Sinay

Nuestro dolor, nuestra alegría
Por Sergio Sinay
Domingo 21 de noviembre de 2010

Señor Sinay: ¿Por qué a tanta gente le molestan las personas contentas, conformes, las que no critican, las que están satisfechas consigo mismas, las que son positivas, las que ven el medio vaso lleno, las que no critican a su pareja y disfrutan de la vida, las apasionadas, las felices? ¿Por qué, en vez de enojarse porque el otro está contento, no se contagian, o indagan cuál es el sentido que el otro ve y ellos no?
Dolores Rueda (Bella Vista)
En marzo, de repente, falleció mi hermano y amigo del alma. Tenía 47 años. Crecimos juntos, nuestra relación era excelente, de hermanos amigos. En la desesperación inicial, creí que mis amigas más cercanas (amigas de él también) estarían acompañándome en el duro camino del duelo. Pero hubo mucho silencio, mucha imposibilidad de acompañar como yo lo hubiese hecho. Justo leí Paula, de Isabel Allende, y cuando su hija muere tras un año en coma, ella concluye: "... y los amigos se redujeron a dos". ¿La tragedia asusta, impresiona? ¿Qué pasa por la mente de la gente cuando una desgracia se cruza en el camino de un amigo?
Karina Hovaghimian

Desde experiencias diferentes, Dolores y Karina testimonian las dolorosas consecuencias de la ausencia de empatía. En el clásico La inteligencia emocional, el doctor en filosofía y divulgador científico Daniel Goleman se detuvo especialmente sobre este atributo que aún se ha explorado poco y que suele confundirse con simpatía o con compasión. Lo más sencillo que podríamos decir de la empatía es que se trata de la capacidad de ponerse en el lugar del otro, y de hacerlo sin fundirse en él, sin borrar la propia identidad. Es un sentimiento poderoso, porque permite reconocer, respetar y honrar al prójimo, al Tú, sin abandonar el Yo, sin confluir. Y se construye, no viene dado. La base de esa construcción está, como señala Goleman, en la conciencia de uno mismo. Cuanto más abiertos estemos a nuestras propias emociones más hábiles seremos para interpretar y comprender los sentimientos de otros, sus alegrías, su felicidad, sus dolores, su tristeza.
El desarrollo de la empatía es prueba de la madurez de una persona. Da cuenta de alguien que aprendió del lazo entre Yo y Tú, que sabe que estos pronombres no existen el uno sin el otro y que, juntos, integran un Nosotros que da sentido y entidad a cada quien. Es Nosotros (no Tú) quien sufre tu dolor, pensamos empáticamente, y es Nosotros (no Tú) quien se nutre con tu felicidad. Sé de tus sentimientos porque evocan los míos.
De la consciencia indiferenciada en la que nacemos (para un bebé, él y el mundo son la misma cosa) a la noción de ser parte única y singular de un todo (punto culminante de la consciencia madura), hay un camino que pasa por la conciencia inmadura, ésa en la que tenemos noción de Yo, pero no de Tú. Tal es el camino de la evolución psíquica, emocional y espiritual. Todos partimos del mismo inicio, todos llegamos a la segunda etapa, pero no todos alcanzan la tercera. Ello requiere trabajo, compromiso, noción de valores, exploración moral.
Se puede tener un alto cociente intelectual, muchos conocimientos, variados recursos materiales, títulos, honores, labia; se puede proclamar la amistad hacia alguien, se pueden tener cientos de "relaciones" y "contactos" y, con todo eso, carecer de empatía, padecer de analfabetismo emocional. La imposibilidad de conectarse con las emociones de alguien cercano, e incluso con la emoción ajena en todas sus formas (no es necesario ser amigo ni pariente para comprender una alegría o un dolor y para acompañarlos), revela una seria discapacidad vincular. Si inteligencia es la capacidad de desarrollar y aplicar recursos propios para responder a las contingencias de la vida, es la inteligencia emocional la que debería prevalecer en nuestro desarrollo como personas. La otra, la intelectual, es acumulación de conocimientos y destrezas. Sirve, pero no impide pasar indiferente ante la mirada del semejante, ese Otro que es más que un dato o un hecho cultural, como bellamente apunta el filósofo lituano Emmanuel Lévinas (1906-1995) en Humanismo del otro hombre. El Otro da sentido, dice Lévinas, porque su presencia ilumina el mundo que me circunda y brinda significado a mi ser y al mundo. La ausencia de empatía apaga aquella luz, nos deja solos, multiplica el dolor, desnutre la alegría. La pobreza de empatía en una persona tiene efectos colectivos, deja muchas víctimas. Aunque no haya estadísticas sobre ella, esta pobreza es un tema mayor.

sergiosinay@gmail.com

miércoles, 17 de noviembre de 2010

FILHOS por GIBRAN KAHLIL GIBRAN

GIBRAN KAHLIL GIBRAN
Foi um ilustre poeta libanés, filósofo e artista. Nasceu em 1883 e morreu em 1931. Sua fama e sua influência se derramaram por todo o mundo. Suas reflexões e sua poesia foram traduzidas para mais de vinte idiomas, e seus desenhos e pinturas são expostos em grandes cidades do mundo.

Dizem que em certa ocasião, uma mulher que levava uma criança nos braços, propôs a Gibran: “Mestre, falemos dos filhos”. E ele respondeu:

Seus filhos não são seus filhos.
São os filhos e as filhas dos desejos que a vida tem de si mesma.
Vêm através de vocês, mas não são de vocês e, ainda que vivam com vocês, não lhes pertencem.
Podem dar-lhes seu amor, mas não seus pensamentos, pois eles têm seus próprios pensamentos.
Podem abrigar seus corpos, mas não suas almas, porque suas almas moram na casa do amanhã, que nem mesmo em sonhos lhes será permitido visitar.

Podem empenhar-se para ser como eles, mas não tentem fazer como vocês fizeram,
porque a vida não anda para trás, nem se detém no ontem.

Vocês são o arco por meio do qual seus filhos são disparados como flechas vivas.
O arqueiro vê o alvo sobre o caminho do infinito e dobra o arco com toda a força, a fim de que suas flechas partam velozes e para muito longe.
Que o fato de estarem nas mãos do arqueiro seja para suas felicidades, porque, assim como ele ama a flecha que dispara, ama também o arco que permanece firme.

Por isto vocês tiveram a liberdade de amar e a oportunidade de viver e fazerem suas vidas.

Deixem que seus filhos voem sós de seus ninhos quando chegar a hora e não lhes reclamem para que voltem.

Eles os quererão para sempre e terão também seus lares, nos quais, algum dia, ficarão sós, porém terão sido seus lares e suas vidas.

Deixem-nos livres. Amem-nos com liberdade, não apaguem o fogo de suas vidas.

Vivam e deixem viver, assim eles os quererão, sempre.