jueves, 14 de julio de 2011

Lenda árabe sobre a criação !!! texto de Paulo Coelho

Assim que terminou de construir o mundo, um dos anjos advertiu o Todo-Poderoso que esquecera de colocar areia na Terra; grave defeito, se considerarmos que os seres humanos estariam privados para sempre de caminhar junto aos mares, massageando seus pés cansados e sentindo o contacto com o chão.

Além disso, o fundo dos rios seria sempre ríspido e pedregoso, os arquitetos não poderiam usar um material indispensável, as pegadas dos namorados seriam invisíveis; disposto a remediar seu esquecimento, Deus enviou o Arcanjo Gabriel com uma enorme bolsa, para que derramasse areia em todos os lugares que fosse necessário.

Gabriel fez as praias, o leito dos rios, e quando voltava para o céu trazendo o material que havia sobrado, o Inimigo, sempre atento, sempre disposto a estragar a obra do Todo-Poderoso, conseguiu fazer um furo na bolsa, que arrebentou, derramando todo o seu conteúdo.

Isso aconteceu no lugar que é hoje a Arábia, e quase toda a região se transformou num imenso deserto.

Gabriel, desolado, foi pedir desculpas ao Senhor, por ter deixado que o Inimigo se aproximasse sem ser visto.

E Deus, em Sua infinita sabedoria, resolveu recompensar o povo árabe pelo erro involuntário do seu mensageiro.

Criou para eles um céu cheio de estrelas, como não existe em nenhum outro lugar do mundo, para que sempre olhassem para o alto.

Criou o turbante que, debaixo do sol do deserto, é muito mais valioso que uma coroa.

Criou a tenda, permitindo que as pessoas se movessem de um lugar para o outro, sempre tendo novas paisagens ao redor, e sem as obrigações aborrecidas de manutenção de palácios.

Ensinou o povo a forjar o melhor aço para a espada.

Criou o camelo.

Desenvolveu a melhor raça de cavalos.

E lhes deu algo mais precioso que estas e todas as outras coisas juntas: a palavra, o verdadeiro ouro dos árabes.

Enquanto os outros povos modelavam os metais e as pedras, os povos da Arábia aprendiam a modelar o verbo.

Ali, o poeta passou a ser sacerdote, juiz, médico, chefe dos beduínos.

Seus versos possuem poder: podem trazer alegria, tristeza, saudade.

Podem desencadear a vingança e a guerra, unir os amantes, reproduzir o canto dos pássaros.

Os erros de Deus, como os de grandes artistas, ou dos verdadeiros enamorados, desencadeiam tantas compensações felizes que, às vezes vale a pena desejá-los.

(Texto de Paulo Coelho)

miércoles, 13 de julio de 2011

Secretos que no lo son tanto - por Luis Aubele

Om

Secretos que no lo son tanto

Principios de la filosofía hermética, que desde hace 40 siglos están al alcance del que los quiera descubrir.

Martes 12 de julio de 2011 | Publicado en edición impresa

Por Luis Aubele

La leyenda sostiene que el gran Hermes Trismegisto, maestro espiritual al que egipcios y griegos llamaban el padre de las ciencias, nació alrededor del siglo XX antes de Cristo. Sus libros fueron considerados textos sagrados, igual que la Biblia, el I Ching o los libros Vedas. Se asegura que Moisés estudió su pensamiento para crear la Kabbalah", explica Nilda Macías, estudiosa del tema y autora de libros como El secreto de la felicidad, 7 leyes esenciales para lograr tus objetivos, metas y deseos .

La escuela de la vida. Los principios universales enunciados por Hermes constituyen el Kybalion, la obra más importante de la filosofía hermética. Son: el principio del mentalismo; el de correspondencia; el de vibración; el de polaridad; el de ritmo; el de causa y efecto, y el de generación. Otra advertencia del Kybalion es que la vida es como una escuela y las dificultades son enseñanzas para crecer.

Todo lo que se pida. "El todo es mente; el universo es mental", dice el principio de mentalismo. El universo es una fuente inagotable de energía que, mediante las vibraciones de nuestros pensamientos, nos une a todos. Este universo, o Dios, es nuestro Padre protector y nos da todo lo que se pida. Pero muchos tenemos arraigadas creencias como No me animo , no sirvo , no merezco , s oy un tonto , etcétera. Vibraciones negativas que el universo interpreta como nuestros deseos. La solución es cambiar esa vibración con pensamientos positivos.

El orden cósmico. "Como es arriba es abajo; como es abajo es arriba", sostiene el principio de correspondencia, la llamada ley del orden. El orden cósmico es el universo de Dios, y lo que ocurre en el plano superior, mental y espiritual se manifiesta también en las acciones cotidianas. Por eso, cuando la mente evoluciona con pensamientos afectuosos todo el ser crece hacia el bienestar.

Atomos positivos. "Nada es inmóvil; todo se mueve, todo vibra", advierte el principio de vibración. El amor es lo que sostiene una vibración en armonía. Por eso todo lo bueno que hagamos nos hace más sanos y felices. Los pensamientos positivos vibran en una frecuencia alta con colores brillantes, claros, luminosos. Exhalamos átomos positivos."

En medio de los polos. "Todo es doble; todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semiverdades, y todas las paradojas pueden reconciliarse", afirma el principio de polaridad. Para encontrar el equilibrio habrá que situarse en medio de los polos. Si uno se sitúa en el extremo del amor, amará tanto que se olvidará de sí mismo.

Mirar al cielo. "Todo fluye y refluye; todo tiene sus avances y retrocesos: todo sube y baja; todo se mueve como un péndulo", enseña el principio del ritmo. Dice un antiguo texto budista zen: Acuérdense de mirar el cielo. Eso expande los límites de la mente y nos recuerda que somos una pequeña parte del universo, que está en permanente movimiento ."

Ni la suerte ni el azar. "Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo con la ley; el azar no es más que el nombre que se le da a una ley no conocida; hay muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la ley", indica Macías. Así, todo lo que pasa en nuestras vidas tiene que ver con situaciones (fuerzas) que nosotros ponemos en movimiento. Tanto alegrías como padecimientos son creados por nosotros.

Amor, arte, computadoras. "La generación existe por doquier; todo tiene sus principios masculino y femenino", asegura el principio de generación. Y Macías agrega: "Dios nos dio libertad y energía para que sigamos creando vida, edificios, puentes, placer, computadoras, amor, arte? ¿Qué estamos creando en estos momentos de nuestras vidas? ¿Cómo es nuestra responsabilidad como creadores?"
Se sugiere practicar las dos y elegir la que permita mejor concentración y respuesta.

LECTURAS
El poder del ahora (Eckhart Tolle).
¿Amar o depender? (Walter Risso)
Muchas vidas, muchos maestros (Brian Weiss)
El sendero del mago (Deepak Chopra)
Metafísica (Conny Méndez)
El KybalioN (Tres iniciados)
El secreto (Rhonda Byrne y Bob Proctor)

PELICULAS
¿Y tú qué sabes? (What the Bleep do we Know?, William Arntz, Betsy Chasse, Mark Vicente)
El camino del guerrero (Víctor Salva)

ESPIRITUAL
Nilda Macías nació en Tucumán. En la UBA hizo la Licenciatura en Técnica de Edición y se desempeña como editora de libros. En su camino de búsqueda espiritual, realizó estudios de metafísica, Kabbalah, taoísmo, raja yoga, filosofía hermética y radiestesia. Es consultora en salud natural de la Fundación Latinoamericana de Terapias Naturales. Autora de Supersticiones, cómo cambiar tu suerte; El gran libro de los nombres; Al mal tiempo buena cara; El lenguaje de las flores .

EJERCICIO
Macías recomienda una técnica para disolver emociones negativas y sentimientos bloqueadores del presente o del pasado. La clave no es luchar contra lo que nos afecta, sino soltarlo, dejarlo ir. Lo que queremos lograr llegará espontáneamente. Primero habrá que revivir la última vez que se sintió esa emoción negativa. Una vez percibida en la zona del tórax, aceptarla relajadamente y darle la bienvenida. Bajar el mentón hacia el tórax y cerrar los ojos consciente de la localización. Después, hay dos opciones para seguir. Una es imaginar que se tiene en la mano una pelota de tenis, depositar en ella el sentimiento negativo y arrojarla, exhalando por la boca. Repetir dos o tres veces. La otra alternativa es inspirar profundamente, encoger los hombros hacia arriba, contraer los músculos trapecio, cerrar fuerte las dos manos y ¡soltar! Exhalar y dejar caer los hombros sintiendo que la emoción negativa se va con el aire. Repetir de tres a diez veces.

La pedagogía del dolor por Diana Cohen Agrest


La filósofa Diana Cohen Agrest envió ayer a LA NACION el siguiente texto a raíz de la muerte de su hijo Ezequiel, de 26 años, asesinado el viernes durante un robo en el barrio de Caballito.


La pedagogía del dolor
Diana Cohen Agrest

Para LA NACION
Martes 12 de julio de 2011


Unos años atrás, cuando jamás imaginaba que yo llegaría a ser, entre tantas, otra madre del dolor, escribí estas líneas. Siguen tan vigentes hoy como entonces. Si es posible dar un sentido a este sinsentido, la muerte de mi hijo, es que esos actos gratuitos no se repitan nunca, nunca más.

"Harto conocido es el texto desgarrador -erróneamente atribuido a Bertolt Brecht- del pastor protestante víctima del Holocausto Martin Niemöller: ?Cuando vinieron a buscar a los judíos, callé: yo no era judío. Cuando vinieron a buscar a los comunistas, callé: yo no era comunista. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, callé: yo no era sindicalista. Cuando vinieron por mí, ya no había nadie para protestar ' .

"La violencia en sus manifestaciones polimorfas es la negación acabada de que el mal no siempre le acontece al otro; de que todos, absolutamente todos, somos, virtualmente, Madres (o padres o hermanos o hijos) del Dolor. Mujeres reunidas por el sufrimiento inscripto en sus vidas por una maldita movida del azar (?¿por qué a mí y no a otra?'), las madres de desaparecidos, de los caídos en Malvinas, de los muertos en Kheyvis y en Cromagnon, en la AMIA, y de tantos otros jóvenes víctimas del gatillo fácil, constituyen el testimonio incontestable de que nadie está exento del estatuto de ofrenda debida a la violencia individual o institucional.
"Continuadoras del movimiento colectivo de denuncia inaugurado por las Madres de Plaza de Mayo, en 1998 un grupo de madres santiagueñas replicarían en su territorio las marchas del silencio de Catamarca, donde la madre de María Soledad Morales pedía el esclarecimiento de la muerte de su hija. En una misa celebrada tras una movilización, un sacerdote las comparó con la madre de los dolores, la Virgen María, y fue así que comenzaron a ser llamadas «Madres del Dolor».
Se acompañan en homenajes, aniversarios o marchas especiales y se hacen presentes cuando una nueva desgracia suma una más a ellas. El poder de su movilización radica no sólo en la legitimidad y transparencia del reclamo, sino en su paradójica autonegación. Porque en claro contraste con todo movimiento político que por su esencia misma aspira a perpetuarse, las madres persiguen, en cuanto colectivo, su anulación. Que no haya más Madres del Dolor.

"Así como en la Grecia arcaica el mítico Cronos, dios del tiempo, devoraba a sus hijos, la Argentina ha venido devorando durante los últimos treinta y cinco años a los suyos. En una suerte de letal compulsión a la repetición, una sociedad y un Estado filicida diezman una y otra vez a las jóvenes generaciones.
"La sociedad filicida devoró a sus hijos en la violencia urbana, en los incendios de discotecas, y continúa devorándolos en los accidentes de tránsito. Por su parte, el Estado filicida ofrendó a un dios sin rostro a los caídos en Malvinas tras sacrificar a los desaparecidos y a los emisarios y ejecutores de su desaparición -pues, a fin de cuentas, no debemos olvidar que la llamada «lucha antisubversiva» se valió de esa carne de cañón que fueron aquellos jóvenes que muchas veces ingresaban en los cuarteles militares para asegurarse, como todavía hoy lo hacen, apenas un plato de comida-. Y también todavía hoy, a menudo en complicidad con una sociedad que asiente con su silencio, el Estado continúa entregando a sus jóvenes en una anomia generalizada, alentada por una práctica de la impunidad refrendada por la flexibilización o, directamente, por la conmutación de las penas: una perversa ausencia de justicia cuyas devastadoras consecuencias se irán agravando en relación proporcional con la deserción escolar y la creciente desocupación de los jóvenes, quienes difícilmente logren otra «inserción» social que no sea la de la marginalidad.

"En los albores de la modernidad, y asentados sobre la teoría del contrato social, los ideales republicanos nacerían de la hipótesis de que el individuo ha pactado con el soberano la cesión de su libertad natural a cambio de protección. Ese acto fundacional señala el pasaje del estado de naturaleza a la sociedad civil, cuya finalidad es evitar y remediar los inconvenientes del estado de naturaleza que se producen cuando el individuo es juez y parte. En particular, el acto que expulsa a los hombres del estado de naturaleza y los integra en un orden social es el establecimiento de un juez con autoridad para decidir en todas las disputas y reparar todos los daños que puedan sufrir sus miembros.

"Confrontadas a la falta de cumplimiento del contrato por una de las partes, la legitimidad del reclamo de las Madres del Dolor radica en la insuficiencia del Estado de proteger a quienes debería proteger. Fuera del espacio público, confrontadas a la irreparabilidad de la pérdida, las Madres del Dolor simbolizan la posibilidad de aprender a transitar desde el sufrimiento hacia una acción colectiva reivindicatoria de la verdad y la justicia.

"El sufrimiento de quien ha perdido un hijo es intransferible. En un proceso de progresiva y radical individuación, quien sufre se torna un extranjero para sí mismo, no puede reconocerse como quien fue ni apropiarse de su nueva historia. Apresado en su dolor, no puede ni reposar en sí ni huir de sí.

"Cuando es causado por la violencia gratuita, el sufrimiento es causado por otro, es el otro. Es por eso que tras la pérdida, el dolor, llevado al límite, expulsa al individuo del mundo y de los otros, pues el otro potencialmente comporta un riesgo. Ante la amenazante irrupción de la violencia, la relación con el otro es una experiencia de intolerable promiscuidad, de esa insoportable vecindad que Sartre condensaría en una fórmula estremecedora: el infierno son los otros .
"Trascendiendo esta mirada tan comprensible como sesgada, la reivindicación solidarizada de estas mujeres nos revela que el infierno no son los otros sino que, lejos de ello, el infierno es la ausencia total del otro. Pues, precisamente, el reconocimiento de la dependencia de los otros es la experiencia que nos revela que no es posible salvarse solo. Unidas por su doloroso aprendizaje, estas mujeres logran transformar la muerte en una lucha por la vida.

"Si nuestro primer deber en el presente es construirnos una ética, tal vez las Madres del Dolor, por qué no, encarnen las fuerzas anticipatorias de otro porvenir."

Nem a tristeza, nem a desilusão, nem a incerteza, nem a solidão, NADA ME IMPEDIRÁ DE SORRIR.

Nem a tristeza, nem a desilusão,
nem a incerteza, nem a solidão,
NADA ME IMPEDIRÁ DE SORRIR.

Nem o medo, nem a depressão,
por mais que sofra meu coração,
NADA ME IMPEDIRÁ DE SONHAR.

Nem o desespero, nem a descrença,
muito menos o ódio ou alguma ofensa,
NADA ME IMPEDIRÁ DE VIVER.

Em meio as trevas, entre os espinhos,
nas tempestades e nos descaminhos,
NADA ME IMPEDIRÁ DE CRER EM DEUS.

Mesmo errando e aprendendo,
tudo me será favorável,
para que eu possa sempre evoluir,
preservar, servir, cantar,
agradecer, perdoar, recomeçar...

QUERO VIVER O DIA DE HOJE
COMO SE FOSSE O PRIMEIRO.

Quero viver o momento de agora
como se ainda fosse cedo,
como se nunca fosse tarde.

Quero manter o otimismo,
conservar o equilíbrio,
fortalecer a minha esperança,
recompor minhas energias,
para prosperar na minha missão
e viver alegre todos os dias.

Quero caminhar na certeza de chegar,
quero lutar na certeza de vencer,
quero buscar na certeza de alcançar,
quero saber esperar,
para poder realizar os ideais do meu ser.

ENFIM,
quero dar o máximo de mim, para viver
intensamente e maravilhosamente
TODOS OS DIAS DA MINHA VIDA.

(Carlos Alberto Lemberg)

jueves, 7 de julio de 2011

Slow food, una manera diferente de comer ...y de vivir...




Por María Wortzman
Especial para RevistaOHLALA.com


Slow food, una manera diferente de comer
Es una modalidad que existe en casi todas partes del mundo y cada vez es más conocido; se trata de nuevas formas de relacionarse con los hábitos alimenticios y redescubrir los sabores y las tradiciones; ¡conocé esta nueva tendencia!


"Vísteme despacio que estoy apurado". Muchas de nosotras escuchamos alguna que otra vez esa frase tan célebre que pertence a Napoleón Bonaparte. Incluso hasta quizás nos la hayamos dicho a nosotras mismas en medio de un día de locos cuando cuerpo y mente dicen basta.

El mundo en el que vivimos y los hábitos que adquirimos muchas veces confabulan contra nuestros deseos, tiempos y sentidos. Los tiempos de hoy en día nos encuentra comiendo rápido y amando rápido. En fin: viviendo rápido.

Sin embargo existe un grupo de gente alrededor del mundo que notó este fenómeno y todos los días trabaja para concientizarnos sobre la vida que nos estamos perdiendo por correr hacia quien sabe dónde: son las personas que conforman Slow Food .

Esta organización, con presencia en todo el mundo, comenzó en Italia y su misión nace como reacción a las cadenas de comidas rápidas, los fast food. A partir de ese modo de ingerir los alimentos, este movimiento propone otro tipo de experiencia relacionada con los sentidos, el conocimiento, el placer y finalmente, con la sociedad toda.

Santiago Abarca, presidente y coordinador de Slow Food Argentina con cerca de 15 años de relación con el movimiento, cuenta el fenómeno con mayor detalle: "Es terriblemente vasto. No es concreto, pequeño y definido sino que está dentro de una estructura (Slow Food Internacional) donde gente trabaja en diferentes maneras de comunicar como campañas sobre distintas temáticas."

Actualmente Slow Food en el mundo se encuentra en la tarea de brindar conciencia sobre los alimentos transgénicos, educación a los niños sobre el sentido del gusto e incentivo para la creación de la huerta personal o comunitaria.

Bueno, limpio y justo

Se trata del lema que caracteriza a esta forma de concebir un nuevo modo de vida donde el gusto y la diversidad son pilares fundamentales. " Bueno se refiere a las bondades del alimento para nuestro organismo, debe ser benéfico en su composición. El concepto de limpio radica en una noción ecológica: nada que destruya la naturaleza y su equilibrio y haga mal a la salud puede ser considerado como tal. Debe ser un alimento limpio y noble para el ser humano.

Y lo justo se conecta con la forma de producción del alimento. Debe provenir de un campesino y sin un proceso industrial exagerado ni lleno de conservantes ni agregados", explica Santiago sobre estas tres palabras.

Es así como esta filosofía también posee un lado socioeconómico. Se erige en la vereda opuesta a la explotación del pequeño productor y demanda precios razonables para el mismo. Se manifiesta en contra de las mega corporaciones que destruyen un esquema de producción para medianos y pequeños campesinos y son generadoras de pobreza.

"Cuando hablamos de alimentación hablamos de política" afirma Abarca. "Detrás de cada plato hay gente que lo elabora, un hecho social que ocurre. Debemos votar qué es lo que queremos. Es una forma de generar cultura."

En nuestro país

En 2001 cuando la Argentina se encontraba en plena crisis socioeconómica Slow Food caló hondo sin proponérselo. "Nos preguntábamos a quién le podía interesar en un país que no comía un movimiento que viniera a hablar del placer alimentario y las pequeñas producciones. Parecía absurdo", reconoce el referente del movimiento y admite que, sin embargo, fue un fenómeno que les explotó en las manos.

Hoy en día, hay formalmente cerca de 1000 afiliados sin contar los cientos que se suman y practican esta forma de resaltar los sabores y colores de la vida sin dar su nombre y apellido. Se trata de un voluntariado, todo está relacionado con el querer y la vocación.

No aceptan ayudas religiosas, gubernamentales ni políticas. De hecho, todo lo que hacen resulta de un esfuerzo donde ponen tiempo y ganas. "Apostamos a la convivencia: valorar nuestra relación con los otros. Poder comer acompañados, en sociedad" sintetiza Abarca y agrega: "Hablamos de una revolución vinculada a una nueva concepción, una posición diferente. Queremos calidad para todos. Antes era un sueño, hoy está en acción."

En otros ámbitos

A partir del fenómeno de Slow Food nuevas formas de actividades "lentas" han surgido alrededor del mundo. Acá repasamos las más populares:

Sexo slow
Se trata de técnicas sexuales orientales como el tantra. Apunta a disfrutar de todos los aspectos de la sexualidad humana partiendo de la lentitud. Su duración como su intensidad se suponen más fuertes que las normales.
Un día antes ya tenés en mente el próximo encuentro y se comienza a conformar la fantasía. La ambientación debe ser cuidada y rigurosa. Acordate que todos los detalles cuentan: velas, aromas, luces bajas, distintas telas, etc. Una vez con tu pareja, tomate tu tiempo. Disfrutá y acordate siempre de la "lentitud".

Trabajo slow
Varias empresas notaron que la gente bajo fuerte presión no es la que mejor rinde. También la tecnología moderna no ayuda a que profundicemos en el análisis y la reflexión (¡pensá en cuántas veces chequeás los mails por hora!).
Con Barcelona como sede incial, esta práctica implica siestas en el trabajo y más tiempo para pensar. Sí, así como lo leés. A los empleados con buena productividad, las empresas les proveen todas las comodidades para que por día puedan tomarse una siesta de 20 a 30 minutos. También te piden que para privilegiar la tranquilidad reflexiva, sólo revises tu correo electrónico tres veces por jornada laboral. ¿Te aguantarías?

Arquitectura slow
Y claro que el lugar donde vivimos incide de gran forma en nuestro estilo de vida. Este movimiento invita a que nuestro hogar también se sume y sea "lento".
Se trata de viviendas ecológicas donde por ejemplo los balcones estén habilitados para tener pequeños huertos o se reemplacen espacios verdes destruidos por la contrucción. Es darle una mano a la madre naturaleza y sumar nuestro granito de arena en pos de un planeta mejor.

Ciudades slow
Si bien no tenemos ejemplos locales en nuestro país, las ciudades "lentas" se están multiplicando por el mundo. Básicamente se necesita que las autoridades políticas así como sus habitantes se comprometan a mantener las tradiciones y a cuidar su lugar de residencia.
Establecer áreas de tránsito sin autos, reducir la contaminación visual, fomentar la venta de alimentos de los pequeños o medianos productores y conservar una tradición y un respeto por lo autóctono son sólo algunas de las condiciones necesarias para competir por el título.

miércoles, 6 de julio de 2011

Para no llorar en el mar ni en la vida - por Paulo Coelho

Aprender a atender - por Guillermo Jaim Etcheverry

Reflexiones

Aprender a atender
Por Guillermo Jaim Etcheverry

Domingo 03 de julio de 2011

Deambular por una ciudad castigada por una lluvia y un viento helados incita a reponer energías en algún ámbito acogedor. Esa mañana madrileña no era la excepción y, buscando cálido ocio, entré en una espléndida librería, de esas que no estarán mucho tiempo más. Hojeando libros tropecé con una frase que atrajo mi atención y que se refería, precisamente, a la atención. Decía: "Lo que los estudios favorecen es el cultivo de la atención."
Su autora era Simone Weil (1909-1943), cuya historia personal es una de las más apasionantes de la primera mitad del siglo XX. A pesar de su brevedad, la vida de esta intelectual francesa es un asombroso compendio de aventuras que, por lo diversas, sorprenden al coincidir en una misma persona. Hermana del legendario matemático André Weil, estudió en las más prestigiosas instituciones francesas. Si bien desarrolló su carrera académica tanto en Europa como en los Estados Unidos. enseñando filosofía, llevó a cabo una intensa actividad política en el convulsionado mundo de su época: lideró organizaciones obreras y participó en la Guerra Civil Española y en la Resistencia Francesa. Pero tan apasionada inmersión en la realidad de su tiempo no interfirió con sus meditaciones filosóficas, centradas en la ética y la mística, así como con sus experiencias religiosas - siendo judía se aproximó al cristianismo-, que se conocieron por sus escritos difundidos luego de su muerte. T.S. Eliot la definió como "una mujer de genio, de un tipo de genio similar al de los santos."
Aquella frase que encontré me condujo hacia el texto del que proviene y que trata del buen uso de los estudios escolares en relación con el amor a Dios. Dejando de lado sus consideraciones religiosas, Weil sostiene que, en realidad, la importancia del estudio no reside en aprender ciertos y determinados saberes (que la tiene.). Tampoco en adquirir los métodos que conducen a esos conocimientos que, aunque resulte esencial desarrollarlos, al igual que aquellos pueden cambiar con el tiempo. Lo más importante, sostiene Weil, es que al estudiar algo la persona ejercita una conducta paciente que la obliga a concentrar su atención, de manera persistente, para comprender una situación o resolver un problema. Al hacerlo, la persona se mantiene como en suspenso, se centra en el objeto de su atención, con el que intenta familiarizarse, y deja de lado todo lo que la rodea, casi hasta desprenderse de sí misma. Por eso Weil interpreta que el desarrollo de esta facultad de atención es el objetivo básico del aprender, donde reside su principal función. Dice: "Si se busca con verdadera atención la solución de un problema de geometría, aunque en una hora el progreso resulte escaso, durante cada minuto de esa hora se habrá avanzado en una dimensión más misteriosa. Los frutos se recogerán en el futuro." Para ella, ningún genuino esfuerzo de atención es inútil.
Como el debate sobre la formación de las personas se centra en qué y en cómo enseñamos -cuestiones de indudable importancia-, tal vez se nos escape que ese proceso supone algo de similar trascendencia humana: el cultivo de la capacidad de prestar atención, el ejercicio de la concentración reflexiva, del "ensimismamiento", como diría Ortega y Gasset. El filósofo contrapuso dos estados de espíritu: el de los monos que, pendientes de lo que ocurre a su alrededor, no viven desde sí mismos sino desde lo otro, "alterados", con el de los seres humanos, quienes poseen "esa rara capacidad de entrar dentro de sí, de pensar."
Tal vez la frase de Weil impresione porque, al sostener que "aprender es, en esencia, aprender a atender", trae al primer plano el desarrollo de la atención. Sólo atentos al entorno, podremos volver a analizarlo críticamente. Más aún en nuestra época, cuando la actual cultura de la distracción intenta dispersarnos, alterarnos, aproximarnos a los monos del zoológico.

revista@lanacion.com.ar

El autor es educador y ensayista

El inevitable riesgo de vivir - por Sergio Sinay

Oxígeno / Diálogos del alma

El inevitable riesgo de vivir
Por Sergio Sinay

Domingo 03 de julio de 2011

Señor sinay: tengo 18 años y me puse a pensar sobre la inseguridad humana. Lamentablemente, debo escuchar ciertas opiniones de la gente que, en verdad, me parecen muy poco sensatas. ¿Qué es verdaderamente la inseguridad? ¿Podemos vivir con ésto toda la vida? ¿Cómo se puede superar?
Marisa Gatti


La inquietud acerca de si es posible vivir toda la vida con la inseguridad a cuestas está respondida por la historia de la humanidad. Desde que los seres humanos existimos nada nos ha sido garantizado. Vivir fue siempre una inversión de riesgo. A nuestros primeros antepasados los devoraban bestias primitivas, los calcinaban los rayos, no resistían a la menor bacteria. Con el correr de los tiempos se lograron paliar ciertos peligros, pero sólo para que los remplazaran otros. Las pestes diezmaban continentes en el medioevo; nuevas enfermedades sustituyeron siglo a siglo a las que se lograba dominar; los ladrones ejercen su oficio desde que empezó la historia; la aparición del automóvil sembró las calles de riesgos desconocidos; las armas se perfeccionaron y divulgaron de tal modo que cualquiera las porta y casi cualquiera mata, además de las masacres masivas debidas a esa industria. La inseguridad es parte de la vida, viene con ella. ¿Cómo saber si este no será nuestro último día? Nadie nos puede vender un seguro contra eso, a pesar de que ya existan pólizas para casi todo. Y aun así, nada está asegurado. La vida es una aventura de final incierto que se reanuda con cada amanecer.
La incertidumbre, ingrediente natural de la vida, es también un factor funcional a la misma. Ayuda a crecer, a desarrollar recursos, a forjarse en el imprevisto. Cuando imaginamos que todo lo bueno nos espera en el futuro, empezamos a no soportar nada que ponga a éste en duda. Y si pretendemos vivir como inmortales, nos frustra cada hecho con el que la vida nos recuerda nuestra condición mortal. Muchos de esos hechos, aunque pataleemos, son parte de la vida. Pueden resultar dolorosos, pero no son ni buenos ni malos ni injustos. Simplemente son. No cabe ante ellos la calificación moral. Otros factores de inseguridad, en cambio, caen bajo el prisma moral. Si quienes tienen el deber inexcusable de garantizar seguridad en las calles, en el transporte, en los estadios, en las rutas, en el aire, en el agua, en los alimentos, en la salud, en la circulación cotidiana no lo hacen, y si esa inoperancia es producto de corrupción, desidia, negligencia, manipulación política, avaricia o cálculos egoístas, entramos en el terreno de la inmoralidad y la perversión. Con la inseguridad natural de la vida se convive, se crece, se madura se explora la propia existencia. Frente a la inseguridad provocada (por acción o por inacción), y ante la evitable y no evitada, no hay excusa y tampoco perdón.
En La sabiduría de la inseguridad, un ensayo cada día más revelador y vigente, el filósofo Alan Watts (1915-1973) dice que cuando no nos atrevemos a fluir en el río de la vida desde su nacimiento hasta su desembocadura, aceptando cambios y misterios, pasando por la incertidumbre y explorando el sentido de la existencia, terminamos por buscar refugio en supuestas seguridades, a menudo falsas. Nos metemos en fortalezas ilusorias, como las del dinero, el poder, los blindajes físicos (de casas, autos, etcétera) y en nichos emocionales (mantener pocos vínculos, sospechar del otro). Paralizamos el flujo de la vida, postergamos las experiencias vitales. No hay ciencia, no hay creencia, no hay receta mágica que nos garantice seguridad. Somos seres equipados para vivir y desarrollarse en la incertidumbre. René Descartes (1596-1650), padre del racionalismo, proponía "avanzar con seguridad en la vida". Eso no significa desconocer la existencia del riesgo, sino confiar en los propios recursos para afrontarlo. El filósofo contemporáneo André Comte-Sponville ve, por su parte, dos actitudes en cuanto a la seguridad. Una consiste en una disposición del alma para ir hacia la vida desarrollando recursos propios, sobre todo internos, y compartiendo peligros con otros, vinculándonos a ellos. La otra es comprar seguros o suscribir todo lo que nos prometa que no sufriremos ni correremos riesgos. La primera actitud, dice, es una virtud. La segunda, sólo un contrato. No son excluyentes. Pero no conviene caer en la ilusión de que a mayor cantidad de contratos, gozaremos de más seguridad. Quien procura prevenirse contra todos los riegos suele terminar protegiéndose nada menos que de la vida.

sergiosinay@gmail.com